Revista unah Sociedad, n.º 10, 2025, pp. 7-19  
doi: https://doi.org/10.5377/rus.v7i10.21222  
Las consejerías de familia en Honduras: un modelo  
de reeducación masculina para superar la violencia  
doméstica  
Family Counseling in Honduras: A Model of Male Re-Education  
to Overcome Domestic Violence  
1
Hilda Caldera  
2
Wendy Osorio  
Recibido: 25 de junio de 2025  
Aceptado: 7 de agosto de 2025  
1
Socióloga y máster en Trabajo Social y Gestión del Desarrollo. Profesora universitaria del Departamento de Sociología, Facultad de  
Ciencias Sociales, Universidad Nacional Autónoma de Honduras. hilda.caldera@unah.edu.hn. orcid: https://orcid.org/0009-0001-  
7620-8049  
2
Ingeniera industrial y máster en Administración de Empresas. wendyosorio15@hotmail.com.  
7
Revista unah Sociedad, n.º 10, 2025, pp. 7-19  
doi: https://doi.org/10.5377/rus.v7i10.21222  
Resumen  
El objetivo principal de este artículo es condensar los resultados del estudio sobre cómo las consejerías  
de familia del Distrito Central contribuyen a conformar un nuevo tipo de masculinidad menos vio-  
lenta e inclusiva. La investigación se centró en el estudio de hombres remitidos por los juzgados por  
violencia doméstica y la mirada del equipo multidisciplinario que los atiende. Se utilizó una metodología  
participativa mediante talleres de grupos, entrevistas en profundidad, grupos focales y testimonios. ¿Por  
qué funciona? Resultados. La reeducación está dirigida a todo público. Las violencias psicológicas y económicas  
fueron las más frecuentes. En las consejerías los cambios inician cuando los usuarios aceptan su responsabilidad  
en las agresiones. Continúan cuando reducen la agresividad y cuestionan conductas aprendidas de dominio,  
posesión, control y promiscuidad. El trabajo en grupos con otros hombres los ayuda a revalorizarse y a asumir  
una paternidad más presente. Hombre y mujer ejercen violencia entre sí. La reeducación va resquebrajando la  
violencia. Conclusiones. Las faltas cometidas por violencia doméstica funcionan como un colador, y vislumbran  
o detectan la violencia en un menor grado cuando es posible, todavía, una reeducación sin llegar a la penali-  
zación. Desafortunadamente, esta gran labor de la Secretaría de Salud se ha mantenido bastante oculta, y es  
necesario que se conozca y se multiplique en el campo educativo, para que el hombre deje de agredir no solo a  
las mujeres, a los más cercanos, sino a otros hombres y a sí mismo.  
Palabras clave: violencia doméstica, reeducación, masculinidad, prevención  
Abstrac  
e main objective of this article is to summarize the results of a study on how Family Counseling  
Services in the Central District contribute to shaping a new, less violent and inclusive masculinity. e  
research focused on men referred by the Courts for domestic violence and the perspective of the multi-  
disciplinary team that serves them. A participatory methodology was used, utilizing group workshops,  
in-depth interviews, focus groups, and testimonials. And why does it work? Results. Re-education is  
aimed at all audiences. Psychological and economic violence were the most frequent. In the counseling  
services, changes begin when clients accept responsibility for the assaults. ey continue when they  
reduce aggressiveness and question learned behaviors of dominance, possession, control, and promis-  
cuity. Working in groups with other men helps them revalue themselves and develop a more inclusive  
fatherhood. Men and women exercise violence against each other. Re-education gradually reduces  
violence. Conclusions. Domestic violence acts as a sieve, revealing or detecting violence to a lesser ex-  
tent, when re-education is still possible without criminalizing it. Unfortunately, this great work of the  
Ministry of Health has remained largely hidden, and it is necessary to make it known and multiply it  
in the educational field so that men stop attacking not only women and those closest to them, but also  
other men and themselves.  
Keywords: domestic violence, re-education, masculinity, prevention  
8
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Introducción  
Según el World Health Rankings (2020), Honduras ocupa el segundo lugar en el mundo de muertes  
por violencia, donde el hombre es el principal victimario y también víctima, situación que se acepta como  
un hecho cotidiano, tomando en cuenta que son años de transitar por la violencia. A modo de ejem-  
plo: en 2011, con 7104 asesinatos, se convirtió en el país con la mayor tasa de homicidios del mundo.  
(Datosmacro.com, 2011).  
La violencia es fundamentalmente masculina. Según el boletín de enero-septiembre de 2023 del Ob-  
servatorio Nacional de la Violencia, los hombres sumaron el 91.5 % de los casos de muertes por violencia  
y tienden a morir asesinados por múltiples causas. Igualmente atentan contra su propia vida, se suicidan  
más que las mujeres y abanderan las muertes no intencionales por los mismos riesgos que corren.  
Según las memorias anuales y estadísticas oficiales del Poder Judicial (2024), los ingresos por  
atención de justicia en los juzgados de paz —los más numerosos y extendidos en todo el país— son  
aquellos relacionados con familia y violencia doméstica, donde los hombres son los principales agre-  
sores, constituyendo la demanda de resolución jurídica más alta, con casi el 32 % del total de ingresos  
en los juzgados de paz.  
En Honduras son prácticamente inexistentes los estudios sobre masculinidad. Ante esta situación,  
se consideró vital analizar la población masculina hondureña y profundizar en la labor que realizan las  
consejerías de familia en su intervención especialmente con los hombres, por lo que hemos realizado  
una mirada exploratoria con ellos sobre su vida y los valores en que se ha construido su masculinidad  
desde la niñez y qué balance tienen de la misma, y lo más importante, cómo se han generado espacios  
de cambio hacia una masculinidad que fomente la paz, la inclusión, la equidad, y qué elementos lo han  
hecho posible.  
Tabla 1.  
Víctimas y personas denunciadas por violencia doméstica  
Tasa de  
2019  
2020  
2021  
2022  
2023  
variación  
2023-2022  
Total  
Hombres  
Mujeres  
Total  
Hombres  
Mujeres  
Total  
7654  
2906  
4748  
5396  
3885  
151  
192  
106  
86  
8279  
3197  
5082  
5578  
4028  
155  
326  
176  
149  
824  
3182  
5058  
5288  
3834  
1454  
334  
8151  
3202  
4949  
6813  
4943  
187  
413  
263  
150  
9126  
3551  
5575  
7526  
5575  
2252  
399  
12.0  
10.9  
12.6  
10.5  
6.7  
20.4  
-3.4  
-10.6  
9.3  
Víctimas  
Violencia  
Personas  
doméstica  
denunciadas  
Personas  
denunciadas  
y víctimas  
a la vez  
Hombres  
Mujeres  
174  
160  
235  
164  
Nota: (ine, 2023).  
9
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El objetivo institucional de las consejerías es la deconstrucción de la violencia y la discriminación,  
la eliminación de comportamientos machistas y el surgimiento de nuevas masculinidades orientadas a  
la eliminación de la violencia de género y a la sana convivencia en la sociedad (Consejería de Familia  
Alonso Suazo, 2022). Esta institución se dedica a la reeducación de hombres y elevación de autoestima  
en mujeres, referidos por el Juzgado Especial contra la Violencia Doméstica del Distrito Central y los  
juzgados de letras y de paz.  
Definiciones y marco teórico  
La masculinidad  
El término de masculinidad hace referencia a las características y roles de género que culturalmente se  
asocian con el varón; tiene estrecha relación con su condición de superioridad, ya que el hombre es el  
parámetro de lo humano y ha sido la figura de poder y dominio tal y como lo señalan tantas feministas,  
entre ellas Segato (2020), quien alude que uno de sus mandatos es la apropiación de las mujeres como  
conquista y demostración de su poder ante sus pares.  
3
Estudios diversos en América Latina, Ceciliano (2007), Campos (2019) , Serra, (2019), Berra, (2013),  
Arias & Peña, (2025), demuestran que esa superioridad se les revierte y lo condena a conductas insanas  
que van contra sí mismos, es decir, el poder social de los hombres es la fuente de sus privilegios individua-  
les, pero también es la causa de su experiencia íntima de dolor y alienación: la represión emocional afecta  
su salud, deben demostrar siempre que son hombres, están orientado a la acción, a comportamientos  
competitivos y violentos.  
Connel (2016) señala que la virilidad se ha caracterizado desafortunadamente por el machismo,  
la homofobia, la misoginia y la violencia contra las mujeres; estos atributos corresponden a la mascu-  
linidad hegemónica presentada como históricamente natural, que aporta legitimidad al patriarcado y  
que garantiza una posición dominante de los hombres y de subordinación de las mujeres a ellos desde  
tiempos inmemoriales.  
Dentro de este escenario, uno de los desafíos actuales para los estudios de masculinidades en Amé-  
rica Latina —según Gomáriz (2000) y Aguayo & Nascimento (2016)— es profundizar la investiga-  
ción sobre la necesidad de cambios en los hombres en temas como la violencia masculina —un proble-  
ma grave de derechos humanos con enorme costos económicos y sociales en la región—, la paternidad  
y la escasa participación de los padres en el cuidado, la crianza y las tareas domésticas; la sexualidad y  
sus implicancias para las relaciones de género, así como la diversidad sexual lgbtq.  
Connell y otros autores, entre ellos Carabí & Amengol (2008), Boscán Leal (2008), Espinoza  
4
(2021), Red MenEngage Alliance (2023) , buscan contrastar el perfil de la masculinidad hegemónica,  
hacia valores, prácticas y experiencias de modelos de masculinidad, libres de discriminación, de sexis-  
mos y que promuevan relaciones más horizontales entre los sexos y los mismos hombres.  
3
Álvaro Campos, psicólogo y uno de los organizadores del vii Coloquio Internacional de Estudios sobre Hombres y Masculinidades.  
Foro Latinoamericano de Masculinidades en la Adolescencia y Juventud, 2019.  
4
La Alianza MenEngage es un movimiento global que reúne organizaciones y activistas en más de setenta países para transformar las  
masculinidades y promover los derechos humanos.  
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Masculinidad y violencia doméstica  
En Honduras, la violencia doméstica es un patrón de conducta asociado a una situación de ejercicio  
desigual de poder que se manifiesta en el uso de la violencia física, psicológica, patrimonial, económica,  
sexual y el ejercicio desigual de poder (Poder Judicial, 1997).  
La violencia doméstica es un problema social que vulnera derechos humanos, causando dos sig-  
nificativos en las víctimas y victimarios, afectando también al entorno familiar y social. Los hombres  
que ejercen violencia doméstica (hevd) suelen manifestar dominación y control sobre sus parejas de-  
bido a patrones culturales y dificultades en el manejo emocional.  
Reeducación de hombres que ejercen violencia domestica  
La mayoría de los estudios sobre programas con hombres provienen de los Estados Unidos, Canadá y  
Europa; en América Latina se cuentan con menos sistematizaciones y evaluaciones.  
Los programas dirigidos a hombres que ejercen violencia basada en género (vbg) se han enfocados  
en la reeducación y la prevención de futuros actos violentos, los cambios más positivos han sido, entre  
otros, disminución del ejercicio de violencia, mayor responsabilización de sus actos, mejora en habili-  
dades de comunicación y resolución de conflictos, y una paternidad más activa y equitativa (Iniciativa  
Spotlight, unfpa, Promundo-us & emefundación CulturaSalud, 2021).  
Los grupos de reeducación/reflexión con hevd (Secretaría de Salud, 2023) se desarrollan en Honduras  
en un espacio (físico o virtual) que sirve como punto de encuentro entre hombres para conversar, dialogar,  
cuestionar, confrontar y trabajar aspectos de su vida cotidiana que viven y les preocupan, por ejemplo, cómo  
se aprende a ser hombre, la identificación y el manejo de las emociones, la amistad, las relaciones afectivas,  
hablar sobre el proyecto de vida personal, del cuidado individual, generación y promoción de la salud, la in-  
corporación y compromiso con el trabajo doméstico y de cuidados, visibilizar las redes de apoyo y colectiv-  
idad entre hombres, identificar en todo momento la evolución del machismo, etc. Es un espacio de escucha  
activa, de apoyo y contención, también de confrontación con las creencias, actitudes y comportamientos  
personales, que a lo largo de la vida han hecho do a mujeres, a otros hombres y al mismo hombre.  
Ángels Carabí & Amengol (2008), Espinoza (2021), Boscán Leal (2008) estudian los nuevos mod-  
elos masculinos no convencionales, que actualmente se están conformando dentro del colectivo de  
varones. Abogan por una nueva masculinidad que se orienta por ser antisexista y antihomofóbica, pero  
también antirracista y anticlasista. Corresponde a una vivencia de masculinidad más amplia, dinámica,  
diversa, plural y abierta. Su ejercicio se traduce en prácticas respetuosas, igualitarias y equitativas en to-  
dos los ámbitos de socialización de la vida. Esta masculinidad no se engloba en una categoría definida,  
sino que es totalmente amplia y cuyo denominador común es el rechazo a la masculinidad hegemónica  
tradicional, y de esto se trata la reeducación.  
El objetivo primordial de este artículo es analizar cómo las consejerías de familia de la Secretaría de  
Salud de Honduras (Sesal) contribuyen a conformar un nuevo tipo de masculinidad que busca desmitifi-  
car la violencia y la discriminación, disminuir comportamientos machistas y el surgimiento de nuevas  
masculinidades orientadas a minimizar la violencia de género y a la sana convivencia en la sociedad.  
Además, se busca priorizar sobre las principales causas y consecuencias que en la formación de la  
masculinidad contribuyen a fomentar la violencia, el machismo y la discriminación por sexo. También  
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prioriza factores que, dentro del proceso terapéutico de la consejería, contribuyen a transitar hacia prác-  
ticas exitosas en la deconstrucción de la violencia y la discriminación, la eliminación de comportamien-  
tos machistas y el surgimiento de nuevas masculinidades orientadas a la eliminación de la violencia de  
género y a la sana convivencia en la sociedad.  
De igual forma, se caracterizaron perfiles que representan la diversidad de hombres que asisten a las  
consejerías de familia para hacer inferencias en relación con la masculinidad hondureña; por último, se  
trabajó en la producción de datos calificados para la enseñanza, la información y la comunicación tanto  
para las consejerías de familia como para los espacios universitarios.  
Metodología  
La investigación tuvo un enfoque sociológico, es de carácter descriptivo, y los métodos de recolección  
de información fueron cualitativos; entre ellos, visitas de observación a sesiones de grupos de usuarios,  
entrevistas en profundidad, grupos focales, talleres de consulta y validación, y construcción de testi-  
monios. En todos esos instrumentos se profundizó con el equipo multidisciplinario de profesionales y  
usuarios sobre los objetivos específicos.  
La unidad de análisis fue de veinticinco profesionales —psicólogos/as. trabajadores/as sociales y  
abogados/as—, quienes constituyeron el 90 % del personal activo de las consejerías de familia del Dis-  
trito Central, y catorce usuarios remitidos por los juzgados en contra de la violencia doméstica, de paz o  
de letras, seleccionados bajo un muestro intencional, bien porque ya estaban culminando su período de  
reeducación —promedio de 4 meses— o fueron escogidos por los profesionales por su buen desempeño  
durante el proceso.  
Resultados (hallazgos y voces de los hombres)  
Violencias más comunes  
La violencia más recurrente fue la psicológica, cuyo sustento se basa en la concepción muy arraigada  
dentro del machismo, de la superioridad de los hombres sobre las mujeres, que tiene bases culturales y  
religiosas ancestrales, que conllevan a la desigualdad de poder dentro de la pareja.  
La violencia patrimonial o económica fue el otro tipo de violencia más mencionada en los testi-  
monios, tomando en cuenta que ellos son los principales aportantes, lo que les otorga una libertad ili-  
mitada para disponer de los recursos económicos, de su tiempo fuera del hogar, de tener otras mujeres  
y distracciones; no se sienten obligados del cuidado diario de los hijos ni aceptan que se contradigan  
sus decisiones y, por supuesto, sienten amenazado su dominio cuando la mujer trabaja o gana más dinero  
que ellos. Reaccionan con violencia cuando se pone en entredicho su libertad; son hombres, y como tal  
nadie los debe controlar; deben demostrarse a sí mismos, y a los demás, que no es un menor, que no es  
homosexual y, en definitiva, que no es una mujer.  
Por patrones aprendidos, la mujer justifica los casos de violencia sexual y es poco denunciada, por-  
que ella considera que es una obligación tener relaciones sexuales con su pareja, por lo que este tipo de  
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violencia prácticamente no fue mencionada por los entrevistados; sin embargo, expresaron los profesio-  
nales que era común y a los usuarios les daba vergüenza denunciarla.  
La violencia física fue muy poco mencionada, lo que obedece a que las lesiones o dos a la inte-  
gridad física tengan otro tratamiento que no sea asistir a las consejerías, sino que pasen directamente  
a la vía penal.  
Un gran aprendizaje dentro del proceso de reeducación fue que los usuarios conocieron que, además  
de la violencia física, también existe la violencia patrimonial, la psicológica y la sexual, ya que, para  
ellos, la violencia significaba exclusivamente golpes, lesiones y maltratos al cuerpo.  
Causas de la violencia  
Muchos de los hombres entrevistados fueron maltratados en la infancia y han interiorizado la violencia  
como un comportamiento normal, por lo que los insultos, la ira y los gritos son sus recursos naturales.  
Dos profesionales expresaron:  
Ellos saben que están siendo machistas, ellos saben que lo que hicieron está mal […] pero lo que no  
saben es cómo controlar los impulsos, cómo controlar la ira, cómo controlar su comportamiento en ese  
momento porque eso es lo que aprendieron en su infancia.  
Otra causa crucial de la violencia es su silencio y hermetismo; reconocieron su dificultad para el  
adecuado manejo y expresión de sus afectos y emociones que, al reprimirlos, con frecuencia derivan en  
violencia contra la más cercana, la mujer, quien termina siendo la víctima de sus males.  
También influye en la violencia su sentimiento de superioridad sobre la mujer: la minimiza, la  
descalifica, justifica el control sobre ella, vista como algo de su pertenencia. Además, se espera de ella  
obediencia, satisfacción emocional y una estricta fidelidad, lo que genera frustración y reacciones vio-  
lentas cuando estas expectativas no se cumplen. Comentaron los usuarios: «Nunca la he golpeado […].  
Lo único era que le insultaba […] y le decía hasta de lo que se iba a morir».  
No sé si estoy equivocado aquí, pero hay una cuestión de que el hombre, por naturaleza, trae el poder  
de generar mayor riqueza. No sé por qué. La mayoría de las personas con más poder en el mundo son  
hombres. Entonces, la mujer quiere llevar esa misma filosofía, se le ha metido en la cabeza que tiene  
que llegar a ser como el hombre. O sea, somos iguales como seres humanos. Lo que pasa es que eso de  
la envidia viene arraigado en la creencia feminista de que la mujer debe tener las mismas oportunidades.  
La mujer como posesión y como trofeo es una buena forma de mantener su poder y prestigio, como  
bien lo expresa uno de los profesionales: «Sentir que él tiene el poder genera una mayor libertad en todo  
sentido, entre ellas, las de tener a las mujeres que desee».  
Ellos se quejan de que ellas los celan a cada rato y cuando les digo […] levántenme la mano, ¿a cuántos  
de ustedes los celaban? Y todos levantan la mano […], y ahora déjenla arriba, ¿cuántos de ustedes han  
sido infieles antes de que los celaran?, y todos la dejan arriba […], entonces ellos creen que como tienen  
el poder, pueden hacer lo que quieran.  
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Factores que contribuyen a superar la violencia  
El trabajo de reeducación de las consejerías es decisivo como factor de cambio, ya que les facilita reco-  
nocer si han ejercido agresiones, así como aceptar su responsabilidad en ellas.  
La responsabilización del cambio es el primer paso hacia la transformación, tomando en cuenta que la  
violencia, según la teoría de género (Facio, 2020), es una decisión aprendida, pero puede ser desaprendida.  
En esa reeducación trabajan en el manejo de sus sentimientos y emociones, y al ir reduciendo la  
agresividad, cuestionan conductas erróneas aprendidas desde la infancia, así como la presión social por  
tener el mando y dominio económico en su casa a cualquier costo.  
En las consejerías se cuestiona de manera frontal una educación patriarcal que exalta la superiori-  
dad masculina, que promueve la violencia y en la que solo él tiene el monopolio de la verdad, así como  
la última palabra. Dos profesionales opinaron:  
Se les explica por qué están reproduciendo patrones machistas. Hay que buscar las causas en el sistema  
patriarcal, que está muy arraigado en los hogares y en la forma de la crianza que reciben los hombres;  
mensajes como estos están muy internalizados: «soy superior a ella, no brindo afecto, no me comunico,  
ella está hecha para obedecerme, en mi casa mi mamá vale menos, tiene que aguantar», y si hay depen-  
dencia económica, con más razón.  
En los hogares hay que estar tomando decisiones constantemente. ¿Y qué pasa, por ejemplo, si esa  
toma de decisiones no es consensuada y no hay sumisión total? Eso se va a complicar. Si la mujer tiene  
una opinión contraria, o quiere informarse más, o buscar ayuda y salirse de la sumisión, el hombre  
siente que pierde el poder, porque ha estado acostumbrado a someter, a manipular, y al ver que ya no  
tiene control, o que ya no tiene poder, recurre a la violencia como último recurso.  
En esta reeducación comienzan a ser más abiertos, receptivos y tolerantes; en los grupos expresan  
sus sentimientos sin temor a ser rechazados o ridiculizados, provocando vínculos más fuertes, dinámi-  
cos y saludables entre sí. Comunicarse mejor les ha permitido ser más tolerantes, disminuir conflictos,  
fortalecer el diálogo empático y asertivo, porque, a fin de cuentas, todos han sido señalados por violen-  
tos; además, las charlas y los testimonios de los otros son muchas veces espejos de sus propias historias.  
«Es la fortaleza, en realidad, el material humano de la consejería […]. Como dijo el compañero, el  
licenciado, nos ayudó mucho. Nosotros no queremos ni terminar, porque ya tenemos costumbre de  
venir cada jueves». «La consejería me ha ayudado a ser una persona que se toma el tiempo para meditar,  
para decidir, para responder un mensaje, incluso, me ha ayudado a ser una persona con mayor calma».  
«De pareja uno explota […]. Por evitar problemas, se guarda, no habla […] hasta llegar a un punto […].  
Y ahí es donde las cosas se salen de control […]. Es que uno de hombre casi no se expresa […], pero  
uno aquí cambia».  
Me ha empoderado en el tema con las experiencias vividas […], he logrado la compresión de causas de  
la violencia, sin justificar las mismas […], aprendo de cada una de las historias de los demás […], ahora  
soy más empático y reflexivo […], he mejorado mi conducta con mis hijos, esposa, familia gracias a la  
capacitación […], produce empoderamiento la expresión de una masculinidad más sana.  
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Yo no sirvo para expresarme. Si me siento triste, enojado, todo me lo reservo; y no es que ando ahí  
destrabándome, porque nunca he podido hacerlo […]. O quizás porque nunca he tenido con quién. Pero  
últimamente he aprendido cómo soltarme un poquito más, pero más que todo con mi hermano mayor.  
Eso es lo que me ha ayudado aquí […], aprender a soltar, porque sí era una persona bien cerrada.  
Por supuesto que no todos tienen la misma apertura, pero van conociendo otros puntos de vista que  
no conocían y se abren espacios de reflexión sobre verdades que empiezan a resquebrajarse. Reforzando  
lo anterior, Ansel Grún (2003), un experto religioso en el tema de masculinidad, comenta:  
En los últimos años han surgido muchos grupos masculinos en los que los hombres conversan sobre su  
masculinidad. Existen estos grupos en la iglesia evangélica y católica, pero también en los círculos de  
los terapeutas, que invitan a los hombres a desarrollar su energía masculina. Es necesario a todas luces  
que los hombres se junten y hablen entre sí y se atrevan, entonces, a expresar su propia inseguridad, sus  
miedos y debilidades. (p. 9)  
Contribuye mucho a la reeducación el acompañamiento del personal profesional multidisciplinario  
que trabaja en las consejerías con compromiso, camaradería y entusiasmo, el cual está disponible para  
atender y orientar cuando estas concluyen.  
Otro factor que contribuye al cambio es la separación de los hijos, motivo de dolor y separación de  
su cotidianidad, ya que hay medidas cautelares que le impiden acercarse a su hogar; o puede que la  
relación con su pareja ya no funcione o ya tienen otras relaciones, pero sus hijos son sus hijos, son parte  
de su vida, y para retenerlos a su lado y estar cerca de ellos, deben cambiar sus actitudes violentas den-  
tro de una reeducación que es vigilada por instancias judiciales. Uno de los profesionales comentó: «Se  
habla de los mandatos de la masculinidad: el hombre es proveedor, protector y fecundador, y a muchos  
lo que más les duele es que les quiten a sus hijos porque son parte de su vida». Por su parte, los usuarios  
testimoniaron lo siguiente:  
Cuando tomé conciencia, fue algo muy triste, fue un proceso en el que yo me sentí muy mal, me dio  
mucha pena; me acuerdo de que lloré mucho esa noche, porque me di cuenta de que por mis acciones  
negativas, había perdido algo tan importante como mi hogar y el acceso a mi hijo, la persona más im-  
portante en mi vida, y ese fue uno de los detonantes más importantes para cambiar.  
Viera qué difícil es no poder ver a mis hijos […], y para mandarles algo, tiene que ser con una prima,  
ya que tengo prohibido acercarme […]. Les mando regalos, cosas que a ellos les gusta […]; claro, con  
mis posibilidades, pero igual […] me hace falta estar con ellos.  
Los hombres señalados por violencia doméstica no van por voluntad propia a las consejerías, sino  
que asisten para evitar problemas mayores con la justicia; no obstante, la mayoría se presenta a todas  
las sesiones —hay una sanción penal si incumple el número de horas requeridas o deserta—, tanto las  
charlas como los testimonios de los compañeros van minando su resistencia inicial. Es en este espacio  
a la fuerza donde se quiebra la masculinidad hegemónica y se propicia la apertura para nuevas mascu-  
linidades, más respetuosas, igualitarias y equitativas con los demás.  
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Consecuencias  
Son consecuencias de la violencia doméstica que las relaciones se afecten y desvaloricen (Sánchez,  
2001): los hombres agreden según estructuras patriarcales arraigadas en la historia y la cultura; la mu-  
jer, por su parte, de forma reactiva, responde también violentamente.  
En las entrevistas, los usuarios manifestaron mucho dolor y sufrimiento ante las consecuencias de  
las agresiones que han ejercido, pero también de las que han sido objeto. A hombres y mujeres les duele  
la violencia y terminan, en muchos casos, siendo víctimas y agresores.  
La víctima, en respuesta a la agresión, se convierte en agresora y llegar a cometer delitos contra sus  
propios hijos (maltrato por transgresión) motivada por deseos de venganza hacia quien fue su pareja,  
5
tal y como lo expresó una jueza de ejecución al referirse al incremento de las denuncias de violencia  
por parte de los hombres hacia las mujeres, probablemente por venganza.  
Todos en la familia son afectados y los dos son múltiples: a la integridad corporal, al generar  
enfermedades psicosomáticas; a la salud psicológica, al mermar la economía del núcleo familiar; al  
provocar en muchos casos la desintegración familiar y afectar a las víctimas inocentes de esta violencia,  
como son los hijos. Un profesional opinó:  
El primer error es pensar que la violencia solo la hace el hombre. Eso es lo primero que nosotros hemos  
detectado, que es un error, que no es así, el hombre en su mayoría, no digo que todos, pero sí en su  
mayoría es una respuesta a la violencia que han vivido con sus parejas.  
No obstante, aunque el hombre sufra afrentas y también sea violentado, prefiere mantener silencio  
para que no se afecte su imagen, ya que la masculinidad es principalmente confirmada por los demás y  
con síntomas de debilidad puede perderse.  
La historia nos ha dicho que la mujer es la que sufre. Pero en realidad no es así, sufren los dos. Pero  
el que tiene el valor de denunciar es la mujer. El hombre puede sufrir cinco os de violencia, pero él,  
por miedo a que no le digan que es gay, homosexual, no denuncia […]. Entonces, eso hace que uno de  
cada diez hombres sea el que denuncie.  
Otra de las consecuencias es que sobre ellos recae una condena social que los estigmatiza y la  
que difícilmente se puede revertir: «¡Imagínese! ¡Qué nos dicen los vergueadores! ¡Qué horrible!»  
Una vez que ellos terminan, se les entrega una constancia de finalización; hay otra de la Alcaldía, y  
debe llevarla al juzgado de violencia doméstica en la corte, y ahí se borra el tema, pero queda todavía el  
estigma. ¿Sí? El estigma, sobre todo.  
La Ley contra la Violencia Doméstica (Poder Judicial, 1997) no fue creada para ser imparcial, sino  
para proteger la integridad de las mujeres, tal y como lo expresa la misma Ley, fruto de una conquista  
social mundial para ponerle fin a siglos de silencio, discriminación e inferioridad dentro de los hogares.  
En dicha Ley se abordan fundamentalmente faltas y los juzgados sancionan con medidas de reedu-  
cación que brindan las consejerías de familia y la Alcaldía con trabajos comunitarios. A partir del 2020,  
el Código Procesal Penal, según el Artículo 289, tipifica el maltrato familiar (Poder Judicial, 2021)  
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Entrevista con la abogada Maribel Funez, jueza de ejecución del Juzgado de Familia.Tegucigalpa, noviembre de 2024.  
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—antes tenía una figura similar como violencia intrafamiliar— que ya es considerado delito según la  
gravedad física ocasionada; no admite conciliación, es penalizado con prisión y conlleva gravedad en  
los dos que puede llegar, entre otros, al parricidio y al femicidio.  
La Ley debe ser revisada y modificada para garantizar imparcialidad y establecer un protocolo es-  
pecífico en los casos en que las mujeres sean denunciadas por violencia, ya que actualmente no existe  
un proceso diferenciado. En el caso de los hombres que denuncian ser objetos de violencia, no existe  
una propuesta de reeducación que aborde esta problemática, ya sea hombre víctima o mujer agresora,  
y deben incorporarse a programas estandarizados que no distinguen entre las distintas dinámicas de  
género. Esto debe cambiar.  
En las entrevistas realizadas, los hombres expresaron abiertamente su inconformidad ante una ley  
que, según ellos, los condena de antemano, ya sea que denuncien la violencia de la que han sido objeto  
o que, sencillamente, guarden silencio: no existe objetividad ni en la ley ni en cómo se administra e  
imparte. La desigualdad puede llevar a la instrumentalización del sistema y generar impunidad hacia  
las acciones violentas de las mujeres. Así se expresaron varios usuarios: «Es que mire, compa, yo le  
aguanté, le aguanté y le aguanté […], pero ya llegó un punto en que estallé […], yo estoy con ella por  
mis hijos […]. Entonces, cualquiera de los dos explota». «Ella se enojó conmigo y agarró cinco mil  
lempiras y me los hizo icos. ¿Hubo alguna denuncia? No». «Muchos insultos duelen, llegan hasta el  
alma y lo hacen a uno sentir muy mal […], pero uno no acude a ningún lugar a poner denuncias».  
Generalmente, por el orgullo sufrimos mucho; lo que se dice violencia no la denunciamos, las mujeres  
sí tienen esa actitud, pero no es que nosotros no sintamos. Yo fui acusado por haber dañado un teléfono  
que lo tiré, y no a ella, sino a la cama, y por desgracia cayó en la mera esquina y se cayó […]. Me dijeron  
que era violencia patrimonial.  
Perfil de los hombres que ejercen violencia  
Los entrevistados, así como los mencionados por los profesionales que han pasado por las conseje-  
rías, tienen un perfil muy diverso en cuanto a ocupación y nivel educativo, procedencia y edad, lo que  
confirma que pertenecen a cualquier grupo social o nivel económico; son un reflejo en pequeño de la  
diversidad social hondureña.  
Conclusiones  
La labor que por más de treinta años han realizado las consejerías de familia en trabajar de forma  
modesta, sostenida y silenciosa contra la masculinidad hegemónica tradicional enraizada en hombres y  
mujeres, es un ejemplo de cómo superar la violencia doméstica.  
El proceso de reeducación se consigue bajo un ambiente empático y de pares acusados por las mis-  
mas faltas, con la ruptura de lo aprendido en el pasado, asimismo con el cuestionamiento y condena de  
la masculinidad hegemónica.  
Las consejerías de familia de Honduras, al igual que otros procesos de reeducación en el mundo, con  
hombres logra la disminución del ejercicio de violencia, mayor responsabilización de sus actos, mejora  
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en habilidades de comunicación y resolución de conflictos, y una paternidad más activa y equitativa  
(Iniciativa Spotlight, unfpa, Promundo-us & emefundación CulturaSalud, 2021).  
Las faltas cometidas por violencia doméstica funcionan como un colador y vislumbran o detectan  
la violencia en un menor grado, cuando es posible todavía una reeducación sin llegar a la penalización,  
contrarrestando por las buenas escalas de mayor agresividad y que no llegan a la categoría de delito.  
Desafortunadamente, esta gran labor de la Secretaría de Salud se ha mantenido bastante oculta, y  
es necesaria una intervención urgente y decidida de la masculinidad a todo nivel, para que el hombre  
deje de agredir no solo a las mujeres, a los más cercanos, sino a otros hombres y a sí mismo.  
La misión de las consejerías es llevar el programa de reeducación a la sociedad remitido por los  
juzgados y evitar una violencia mayor; no obstante, este esfuerzo debe abrir sus puertas y multiplicar  
enseñanzas y lecciones aprendidas, ser valorado y difundido socialmente, ya que constituye el esfuerzo  
más sólido que existe en el país para reducir la violencia masculina y que debe abrir líneas de acción  
preventivas de la violencia en la niñez y la juventud en escuelas, colegios y universidades.  
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