Experiencia
Excrituras de re-existencia. Interseccionalidad en clave de creación
Excrituras of re-existance. Intersectionality analyzed since the creation perspective
Excrituras de re-existencia. Interseccionalidade a chave da criação
Excrituras de re-existencia. Interseccionalidad en clave de creación
Revista Latinoamericana Estudios de la Paz y el Conflicto, vol. 7, núm. 14, pp. 144-166, 2026
Universidad Nacional Autónoma de Honduras

Recepción: 04 Junio 2025
Aprobación: 26 Enero 2026
Resumen: Se presentan abordajes teóricos sobre interseccionalidad y sus encuentros con la escritura expandida como práctica artística en el desarrollo del primer semestre de desarrollo del proyecto de investigación Creaciones excriturales y conocimiento situado en el volumen de género del Informe Final de la Comisión de la verdad “Mi cuerpo es la verdad”. Se describen rutas de trabajo para la formación en investigación con estudiantes y los laboratorios de creación como estrategia de apropiación y reescritura sensible de los contenidos del volumen. Los procesos creativos e investigativos de las estudiantes vinculan la lectura del capítulo y el diálogo con la teoría para la comprensión situada de las violencias ejercidas hacia las mujeres colombianas en el marco del conflicto. Se busca contribuir a la construcción de paz a partir de la reparación simbólica con prácticas artísticas escriturales para el reconocimiento y sensibilización de los contenidos del volumen.
Palabras clave: Interseccionalidad, escrituras expandidas, memoria, género, investigación-creación.
Abstract: We are presenting some theoretical approaches about intersectionality and its findings with writing as an art practice within the development of the research project Creaciones excriturales y conocimiento situado en el volumen de género del Informe Final de la Comisión de la verdad “Mi cuerpo es la verdad”. We are describing the working path for the research training with students, as well as the creation labs as a strategy of appropriation and sensitive rewriting of the chapter. The creative and research processes of the students involved the reading of the chapter and a conversation with theory for the situated understanding of violences towards women during conflict. We are looking for a contribution to peace building through symbolic reparation with artistic writing practices towards recognition and sensibilization of the contents of this volume.
Keywords: Intersectionality, Expanded Writing, Memory, Gender, Research-creation.
Resumo: Apresentamos abordagens teóricas da interseccionalidade e seus encontros com a escrita expandida como prática artística no desenvolvimento do projeto de pesquisa Criações Excriturales e saberes situados no volume de gênero do Relatório Final da Comissão da Verdade “Meu corpo é a verdade”. Descrevemos percursos de trabalho de formação em pesquisa com os estudantes e os laboratórios de criação como estratégia de apropriação e reescrita sensível dos conteúdos do volume. Os processos criativos e investigação dos estudantes articulam a leitura do capítulo e o diálogo com a teoria para a compreensão situada da violência exercida sobre as mulheres colombianas no contexto do conflito. Procuramos contribuir para a construção da paz baseada na reparação simbólica com práticas de escrita artística para o reconhecimento e sensibilização dos conteúdos do volume.
Palavras-chave: Interseccionalidade, escrituras expandidas, memória, gênero, pesquisa-criação.
EXTENDED ABSTRACT
This article presents the theoretical developments of the concept of intersectionality, framed within gender studies, from the artistic practice of expanded writing in the development of the project Creaciones excriturales y conocimiento situado en el volumen de género del Informe Final de la Comisión de la verdad “Mi cuerpo es la verdad”. Aimed at training undergraduate students in the Visual Arts program at Universidad Pedagógica Nacional (Colombia) the project aligns with the institutional purpose of training teachers for peace, truth, and life.
As teacher-researchers, we find in expanded writing an artistic practice informed by visual arts and literature that allows the appropriation of the truths told by the women heard by the Truth Commission in Colombia, through the creation of non-alphabetic, sound, and textile texts, among others, in formats such as collage, mail art, and devices such as tarot. We also highlight the role of creative research as a production of sensitive and situated knowledge that allows the recognition of the experiences of the women heard by the Truth Commission in Colombia.
Reading the volume on gender in parallel with academic texts that amplified the categories of intersectionality, gender, and memory informed the research instructors' creative investigative processes to generate expanded and sensitive texts as rewritings of the testimonial narratives that contribute to the recognition of what happened, while also becoming pedagogical input for understanding and overcoming the violence inflicted on Colombian women for decades as a result of the internal armed conflict.
1. INTRODUCCIÓN
En el marco del proceso de paz entre el gobierno colombiano y la exguerrilla de las FARC EP entre 2012 y 2016, y la posterior firma de los acuerdos, se implementó en el país una Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición que, con enfoque de género investigó, desde los testimonios de las mujeres víctimas y organizaciones de mujeres, las violencias a las que fueron sometidas durante décadas a manos de diferentes actores armados y hombres civiles dentro y fuera de sus territorios de origen, además de los efectos del abandono histórico del Estado con las vulneraciones de los derechos de miles de campesinas, indígenas, mestizas, afrodescendientes, negras y raizales, en su mayoría empobrecidas.
El capítulo de género Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armado (2022), uno de los diez que componen el Informe Final de la Comisión de la Verdad Hay Futuro si hay Verdad, recoge las causas, efectos e impactos de la guerra en estas poblaciones[2], así como sus estrategias de afrontamiento y resiliencia para cuidar la vida, y recomendaciones dirigidas a diferentes sectores políticos y sociales para la no repetición encaminadas a una paz duradera.
En la formación de licenciada/os en artes visuales e investigadoras/es interesadas/os en el género, se buscó propiciar espacios que desde la investigación creación produjeran conocimiento situado en torno a las categorías analíticas de patriarcado, memoria e interseccionalidad, problematizados y encarnados en la creación escritural que se alimenta de operaciones y estrategias de las escrituras expandidas, experimentales, no creativas, conceptuales e híbridas como manifestaciones diversas que desafían el canon literario y quiebran las fronteras disciplinares. Se retoman las premisas de Harding (1986) y Haraway en los 90 en torno al saber cómo declaración de los contextos de pertenencia para ser sujetos reales de conocimiento que encuentran en estas escrituras su medio de enunciación.
Uno de los enfoques clave en el estudio de Mi cuerpo es la verdad (2022) es la interseccionalidad, sumado a los de género, anticolonial y antirracista. En el artículo se muestra el abordaje del enfoque interseccional de género a partir del estudio del tomo y su traducción a excrituras o ejercicios de creación escritural, y a procesos de investigación creación de las monitoras del proyecto. Para ello partimos de la definición de interseccionalidad que aparece en el glosario del volumen, sobre el que se señala, es una construcción teórica y experiencial desde “las historias, los debates políticos y los sentidos que los protagonistas le dan a las palabras para explicar sus realidades” (Mi cuerpo es la verdad, 2022, p. 361). Así, lo interseccional
corresponde a múltiples formas de opresión y de violencia que afectan las vidas de las mujeres y las personas LGBTIQ+. Permite entender los modos como los diversos arreglos de poder raciales, de clase, de género, de sexo y de edad provocan desigualdades que han dado formas a las agresiones vividas en el marco del conflicto armado (2022, p. 364).
En evidente referencia a la elaboración de interseccionalidad de 1989 de Kimberlé Crenshaw, la definición anterior da cuenta de los múltiples vectores de dominación que oprimen simultáneamente a tipos concretos de mujeres y disidencias sexuales en el contexto específico del conflicto interno colombiano.
Como ya lo señalara Viveros (2016), el enfoque teórico y metodológico de la interseccionalidad no es nuevo en el feminismo y, por el contrario, puede rastrearse desde el siglo XVIII, antes de recibir el nombre acuñado por Crenshaw. Lo relevante de esta observación es cómo su emergencia, con o sin la etiqueta, responde a campos disciplinares como el derecho, caso Crenshaw, o la desidentificación “por los sesgos de raza y género de la categoría mujer” (Viveros 2016, p. 4) del feminismo blanco de la segunda ola criticados por mujeres de color, inicialmente del norte global. Es así que, la definición de Mi cuerpo es la verdad, es una elaboración que recupera otras y la sitúa en una genealogía heterogénea y en las especificidades de un conflicto que afectó -afecta- de forma diferenciada a las mujeres [empobrecidas, étnicamente diferenciadas, no heteronormativas].
Como parte de la formación en investigación para las monitoras del proyecto, se propusieron sesiones teórico-prácticas que, en atención a la intertextualidad, planteaban la amplificación de conceptos, para el caso el de interseccionalidad desde la perspectiva decolonial de la feminista dominicana Yuderkys Espinosa. En Superando el análisis fragmentado de la dominación: una revisión feminista descolonial de la perspectiva de interseccionalidad (2019), Espinosa propone el abandono de las categorías género y mujeres de la teoría feminista clásica por su carácter reduccionista y homogenizante que desconoce activismos, experiencias y teorizaciones de los feminismos afrocaribeños, indígenas, campesinos y comunitarios de Abya Yala.
Según Espinosa (2019), ambas categorías reproducen la universalidad y plantean la imposibilidad de avanzar en una explicación compleja y en la transformación de la opresión por la presencia de un “racismo del género” que invisibiliza a las mujeres no privilegiadas –racializadas empobrecidas- que pertenecen a un orden heterosexual. Son justamente quienes están al margen las que constituyen una mayoría significativa escuchada por la Comisión. Sus testimonios despliegan cuerpos que dicen la verdad sobre lo que les pasó y desde los que se pueden entender las causas estructurales e históricas de múltiples violencias dirigidas hacia las mujeres como afrentas contra la vida, el territorio y las comunidades.
Retomando a Lugones (2012), Espinosa busca reconstruir, de la mano de los feminismos negros y de color latinoamericanos y caribeños, indígenas y comunitarios, epistemológicamente, un nuevo marco de comprensión sobre la opresión desde la no fragmentación de sus vectores sino desde la interdependencia entre género, raza, clase y el régimen heterosexual. La raza es co-constitutiva de la opresión de género (Lugones, 2012) en tanto está, basada en la idea de diferencia sexual (como ficción reguladora y productora de materialidad), no trabaja de forma separada y está irremediablemente co-constituida dentro de la matriz de poder, que es moderna y colonial, y por tanto, racista y capitalista (Espinosa, 2019, p. 274).
Muchos de los relatos que componen el tomo de género objeto de estudio dan cuenta de la interdependencia de tales factores. La narrativa de Lorenza, mujer indígena del departamento del Meta, en el centro del país, nacida en 1977, está marcada por la imbricación de la discriminación étnica, su edad y la pobreza desde las que la construcción de masculinidad hegemónica valida la violencia sexual y física en un ciclo de dolor exacerbado por la desprotección estatal:
Yo nací en el Vaupés, en un resguardo indígena. Soy de una etnia makuna: mi padre es makuna, mi madre es mituseña. Por circunstancias de la vida, ellos se separaron y mi madre no tuvo la valentía de criarnos a nosotros y nos regaló en diferentes casas. Somos ocho hermanos. Yo no conozco a mi familia. Una señora anciana, de 70 años, me recogió y me crió [...]. Cuando él transitaba por la carretera nos llevaba pa la casa, pasaba y nos llevaba pa la escuela, y me regalaba cuadernos, nos ayudaba mucho. Cuando, de un momento a otro, él me recogió en la carretera y no, no me volvió a llevar a mi casa. Yo tenía 10 años y él me llevó para El Castillo, Meta, donde la mamá de él, y me dejó allá, “que era una niña huérfana, una niña que no tenía familia”, y yo quedé ahí. Ese señor vino de Otanche, Boyacá, y él abusó de mí [...]. Producto de esa violación quedé embarazada y tuve un hijo que hoy día va para 30 años [...]. Y quedé embarazada a los 10 años, casi llegando a los 11 años tuve el niño.[3]
La crítica de Espinosa al ocultamiento de las mujeres subalternas por parte del feminismo blanco y burgués del norte global deviene en la propuesta de una política de identidad como la de las mujeres negras latinoamericanas que entienden la liberación no solo de ellas, sino de los varones negros oprimidos y en la que no hay un olvido de la comunidad. De esta idea se esbozan dos reflexiones para articular la iniciativa de Espinosa con el testimonio de Lorenza:
Primero, las masculinidades militaristas encarnadas por paramilitares, guerrilleros y miembros de la fuerza pública no son exclusivas de estos; hombres civiles socializados bajo masculinidades hegemónicas patriarcales se convierten en aliados y perpetradores de violencias hacia las mujeres en los territorios donde el conflicto impuso un régimen de terror. El abusador de Lorenza fue un actor no armado que perpetuó un continuum de violencias que fueron leídas en clave interseccional por la Comisión en el entendido de que “la cotidianidad de la violencia hacia ellas se debe a un rasgo de la cultura sexista y machista que las ubica en un lugar de subordinación y naturaliza las diferentes formas de coacción” (Mi cuerpo es la verdad, 2022, p. 116).
Segundo, la emancipación de mujeres y hombres históricamente considerados de segunda clase a la que se adhiere Espinosa reconoce la invitación de Segato (2019) a no “‘guetificar’ la cuestión de género” entendiendo los efectos de la colonialidad en América a través de hombres mestizos, indígenas, campesinos y negros en sus entornos privados:
El hombre campesino-indígena a lo largo de la historia colonial de nuestro continente, así como el de las masas urbanas de trabajadores precarizados, se ven emasculados como efecto de su subordinación a la regla del blanco, el primero, y del patrón, el segundo -patrón blanco o blanqueado de nuestras costas-. Ambos se redimen de esta emasculación, de esta vulneración de su condición social, laboral, incompatible con las experiencias de su género mediante la violencia. Ante el avance de la pedagogía de las cosas, como también podríamos llamar a la pedagogía de la crueldad, el hombre indígena se transforma en el colonizador dentro de la casa, y el hombre de la masa urbana se convierte en el patrón dentro de la casa (p. 28).
De este modo, el enfoque interseccional con las revisiones de Espinosa (2019), cruzado con la interconexión de las violencias hacia las mujeres en un continuum (Segato, 2016), y su implementación por la Comisión durante la investigación y redacción del tomo de género del Informe permitió el acercamiento a las causas y efectos diferenciados de la experiencia del conflicto en las mujeres en tanto “la guerra es, sobre todo, posesión y destrucción de lo femenino y del cuidado de la vida” (Mi cuerpo es la verdad, 2022, p.14). El abandono y la desprotección históricas al amplio espectro de mujeres colombianas, sumados a la exacerbación de las violencias hacia ellas en el conflicto, se leen como factores explicativos de las violaciones a sus derechos, de ahí que sea la interseccionalidad la clave para comprender lo sucedido como opresiones paralelas que operan sobre grupos sociales y cuerpos específicos percibidos como de menor valía en función de la herencia moderna y colonial.
La importancia del enfoque interseccional en el Informe se traslada también a las Recomendaciones para la no repetición de los hechos sufridos por las mujeres y las niñas en el marco del conflicto armado. Tanto las dirigidas al Estado como a la sociedad colombiana demandan el carácter interseccional, además del étnico y el territorial para lograr “la igualdad económica y material, la erradicación del orden patriarcal y las transformaciones necesarias para fundamentar una paz estable y sostenida” (Mi cuerpo es la verdad, 2022, p.203).
Este proyecto respondió al deseo de seguir indagando sobre escrituras expandidas y género desde la atención a la recomendación de impulsar reparaciones simbólicas desde enfoques interseccionales, especialmente de género, étnico y territorial que incluyan la memoria (tercer bloque de recomendaciones orientadas hacia las transformaciones culturales y sociales para la convivencia). Así pues, las investigadoras se recogieron en la acción de realizar y difundir iniciativas artísticas y académicas “que reconstruyan las historias de las mujeres víctimas del conflicto armado, dignificándolas como constructoras de paz y transformadoras de sus territorios” (Mi cuerpo es la verdad, 2022, p.213). Los procesos y las creaciones excriturales, así como el desarrollo de laboratorios de creación son la manera de atender este llamado.
Las relaciones entre arte y memoria han sido de largo aliento en las prácticas artísticas en Colombia. Si bien esta investigación no se enmarcó en esta línea, si retomó los principios de la reparación simbólica, integrada a “las medidas de satisfacción y no repetición” (Sierra, 2017, p.3) de las Naciones Unidas y de la legislación nacional, cuyos objetivos y obligaciones son el derecho a la verdad, a la memoria y a la dignidad humana. En los marcos de justicia restaurativa y transiciones de la guerra a la paz, además de la creación de museos de memoria, instalación de placas, actos públicos de perdón, entre las acciones más comunes para la reparación simbólica, aparece la intersección entre arte, prácticas artísticas y patrimonio cultural estudiadas por Yolanda Sierra (2017) a partir de repertorios tales como gestos y/o expresiones orales de origen social marginal que la autora caracteriza como litigio estético, y otras pertenecientes a los campos de las artes ejercidos por artistas de profesión u oficio (litigio artístico), donde ambos “buscan poner de manifiesto una situación concreta de vulneración a los derechos humanos, ya sea de una víctima, un grupo de víctimas o incluso vulneraciones propias de un periodo de represión concreto” (Sierra, 2017, p. 12). Un referente del primero son Las tejedoras de Mampuján, un grupo de mujeres sobrevivientes a la masacre paramilitar perpetrada en ese municipio de Bolívar (costa Caribe) que desde el arte textil o patchwork escriben en tapices lo ocurrido ese 10 de marzo del año 2000. Para el segundo están los trabajos Sudarios (2011) y Relicarios (2011-2016) de la artista colombiana Érika Diettes, y Jesús Abad Colorado. El Testigo, documental de 2018 que recoge el quehacer de este fotógrafo colombiano en el quehacer del conflicto armado interno.
Para el caso del proyecto, el punto de partida fueron los testimonios de las mujeres escuchadas por la Comisión para una reescritura artística expandida, denominadas creaciones excriturales o excrituras que buscan aportar a la reparación simbólica con elementos cercanos al litigio artístico en donde quien crea “acude a su sensibilidad, percepción, oficio y talento para exponer en la palestra pública una situación de impunidad, anormalidad, injusticia, indiferencia social y estatal, las más de las veces, hace explícita una conducta reprochable pero oculta y desconocida” (Sierra, 2017, p. 12), en el contexto de formación en investigación a futuras educadoras en educación artística visual. Para ello se planteó una metodología que derivó en procesos de investigación-creación desde la comprensión de la escritura expandida como práctica artística.
2. METODOLOGÍA
La investigación se suscribió a la modalidad de Formación en Investigación en semilleros, donde el equipo investigador (docentes, monitoras e integrantes del semillero) estudió y realizó creaciones escriturales a partir del volumen Mi cuerpo es la verdad. Para aportar a la sensibilización sobre lo sucedido con las mujeres en el marco del conflicto armado colombiano desde la excritura como práctica artística, se planteó como objetivo general de la propuesta “desarrollar un proceso de formación en investigación-creación con las estudiantes del semillero Anamorfosis en torno al volumen de género del Informe Final de la Comisión de la Verdad Mi cuerpo es la verdad”.
Ahora bien, dada la particularidad de la modalidad enfocada en la formación en investigación-creación, a nivel metodológico se diseñó una planeación de sesiones de formación acorde con las lógicas horizontales del semillero, en cuatro fases articuladas a los cuatro objetivos específicos (Tabla 1):
| Objetivos específicos | Fases de la propuesta |
| Desarrollar espacios teórico-prácticos para el conocimiento de los contenidos del volumen con enfoque de género "Mi cuerpo es la verdad" que favorezcan su apropiación y problematización a la luz de los debates contemporáneos sobre el género. | Fundamentación. Sesiones teórico-prácticas de revisión de conceptos base, referentes teóricos y artísticos, además del primer acercamiento al IFCV, y primeros indicios de escritura. |
| Realizar laboratorios de creación en escrituras expandidas y/o excrituras que permitan una reescritura sensible y situada del capítulo "Mi cuerpo es la verdad". | Experimentación. Sesiones de laboratorios de experimentación y exploración para la creación escritural a partir de la lectura del Informe. Alimentación y montaje del archivo de creación del proceso. Acompañamiento con invitadas expertas. |
| Organizar un evento académico-artístico de socialización de los procesos de creación de las monitoras para el diálogo con expertas invitadas, colectivos de activistas y población interesada en el tema. | Socialización. Diseño, gestión y realización de evento académico de socialización, piezas visuales, etc. Trabajo con expertas invitadas, montaje final de archivo de creación. participación en eventos académicos. |
| Valorar el proceso investigativo a partir del conocimiento situado adquirido durante el desarrollo de la propuesta formativa. | Valoración. Sesiones de cierre del proyecto mediante talleres creativos de valoración colectiva del proceso. |
Como se detalló en el artículo Signos en proceso (Cano y Romero, 2024), la particularidad de temas y de enfoques del semillero derivan en que cada propuesta de formación en investigación desarrollada se matice especialmente en la investigación-creación. Así, tras la indagación detallada en este campo (que parte de Borgrorff, 2010; pasando por Gil y Laignelet, 2014; y asentado por Cortés y Hernández, 2023), más que metodología a nivel procedimental, se habla de modos de hacer descubiertos en cada una de las cuatro fases mencionadas previamente, mediante el levantamiento y despliegue de un archivo de creación o work in progress (Cortés y Hernández, 2023).
Cabe señalar que la investigación-creación es un campo que en la academia se ha discutido de manera relativamente reciente (se podría decir que desde hace dos décadas), y que a la fecha aún presenta diversas interpretaciones, modos de comprender y tensiones. Una base del debate la proporcionó Ricardo Marín Viadel (2005), quien ubicó lo artístico como un paradigma aparte de los tres ya conocidos: cuantitativo, cualitativo y sociocrítico. Posteriormente, en Colombia y en concreto, en la Licenciatura en Artes Visuales de la Universidad Pedagógica Nacional, en la investigación desarrollada por Romero, Ramos y Barco (2021) a partir de Borgdorff (2010), se entendió la investigación artística como un paradigma independiente en tanto su interés no es explicar sino crear y profundizar en la producción de conocimiento sensible desde los medios simbólicos que proporcionan las artes.
Por su parte, los artistas Javier Gil y Víctor Laignelet (2014) desarrollaron una propuesta que, a partir de Borgdorff (2010), diferencia la investigación artística (o investigación-creación, investigación basada en la práctica creativa, etc.) de la investigación hermenéutica o mal llamada tradicional. Entre los puntos tratados por los artistas se encuentra el tipo de conocimiento que se produce entre una y la otra: el conocimiento derivado de la creación artística es del orden de lo sensible, pero también de lo impreciso, lo analógico; mientras que el conocimiento derivado de la investigación denominada por los autores como “científica” explica y razona el mundo. En la investigación artística no hay distancia entre sujeto y objeto, pues el sujeto mismo es parte de la creación, se valora más el proceso que el resultado, y más que metodologías se articulan operaciones, tácticas y estrategias de creación constante (Cortés y Hernández, 2023), lo que deriva en el work in progress, en proceso como obra; finalmente, la investigación artística y, más concretamente, la investigación-creación, se basa en el sentido estético y en la producción de afectos y sensaciones, lo que hace que muchas veces escape de la comprensión hermenéutico-interpretativa de un fenómeno u objeto de estudio.
En la presente experiencia investigativa, las escrituras resultantes pasan por esas particularidades que constantemente se conversan, entienden y articulan en un largo proceso de creación y montaje de archivos. En este caso, una cosa se complementa con la otra, aspecto en el que radica también la fortaleza de los procesos del semillero: a la complejidad de la creación se aplican modos sensibles de interpretación del proceso, lo hermenéutico no se separa, al contrario, se integra, por ello se parte de categorías y conceptos que aterrizan en el proceso creativo, que se revisa e interpreta permanentemente.
Con todo esto, cada fase del proceso fue construyendo diversos indicios de un archivo resultante en un work in progress. Cada laboratorio de creación dejó un rastro escritural, un ejercicio, un experimento, que progresivamente fuimos desarrollando plegando, reconfigurando y entendiendo. La investigación-creación manifiesta fue las diversas formas de montar ese archivo del proceso, así como el detalle y particularidad de cada creación excritural.
Retomando el diseño y desarrollo de fases, este texto se enfoca en la 1 y 2[4]; en tanto que durante la primera se buscó comprender, discutir e incorporar conceptos base de la propuesta para preparar y complementar la lectura del volumen. Por cada apartado del mismo se cotejó una categoría analítica y una perspectiva teórica (Tabla 2). Fue importante también la creación de herramientas para entender el propio lugar en la narrativa del conflicto armado colombiano. Por ello, se inició de manera intuitiva el trazado manual de una línea de tiempo del conflicto armado colombiano a partir de hitos nacionales políticos y culturales. Basada en las propias trayectorias de vida, inició en la década de los 80 y terminó en 2020; luego se vinculó a eventos de las experiencias de género del equipo investigador e integrantes del semillero. Se creó, además, una tabla de intertextos en la que se registraron otras textualidades emergentes de la lectura de los testimonios de las mujeres de Mi cuerpo es la verdad, lecturas teóricas, testimonios, y los diversos referentes emergentes (literatura, música, radio, televisión, video, etc.), con el fin de dar cuenta de la pluralidad de textos asociados a la lectura del informe, así como del contexto cultural que rodeó el conflicto armado, en una comprensión interseccional e intertextual.
| Apartado | Categorías | Referentes |
| ¿Qué pasó? Significados y magnitudes de lo sucedido | Género | Joan Scott (2003) |
| Memoria | Elizabeth Jelin (2002) | |
| Interseccionalidad | Yuderkys Espinosa (2019) | |
| ¿Por qué pasó? Dimensiones del Patriarcado | Patriarcado | Gerda Lerner (1990) Rita Segato (2019) |
| Recomendaciones para la no repetición de los hechos sufridos por las mujeres y niñas en el marco del conflicto armado | Narrativas testimoniales | Jeritza Merchán (2018) |
| Comisiones de la Verdad | Gabriel Ruiz y Marije Hristova (2019) |
La lectura sensible, situada, respetuosa y colectiva del capítulo de género implicó una experiencia de lectura al modo en que Nancy (2003) refiere la excritura: tocó nuestros cuerpos y subjetividades, el espacio se convirtió en un escenario de escucha de los testimonios de las mujeres que brindaron su voz a la Comisión de la Verdad, voces que leímos y re-escuchamos, nos llevaron a narrar nuestras afecciones y experiencias en un lugar seguro y de apañe. Como mencionamos en un artículo anterior: “El sentido que busca este arrojarse del cuerpo no es el sentido legitimado históricamente, se trata más bien de un sentido marginal, fuera de toda significación, lo que conlleva a nuevas formas de tocar el sentido” (Cano y Romero, 2024, p. 10).
Parte del proceso requirió apoyo psicosocial, orientado por una profesional, así como el encuentro con la exposición Hay Futuro si Hay Verdad. De la Colombia Herida a la Colombia Posible en el Centro Nacional de Memoria, Paz y Reconciliación en Bogotá. Este espacio confirmó que, si bien durante las infancias y adolescencias del equipo investigador transcurrieron “al margen” del conflicto armado por la burbuja mediática que genera vivir en la ciudad, la lectura y conocimiento del Informe brinda conciencia de agenciamiento desde el presente. También se encontraron coincidencias frente a cómo situar narrativas del conflicto armado colombiano mediante líneas de tiempo, tablas de Excel y demás, análogas a las estrategias curatoriales del Centro de Memoria.
La fase de exploración excritural se dio mediante laboratorios de creación. Con la línea de tiempo se escribió sobre la propia memoria y el lugar que cada integrante del semillero ocupó en la narrativa compleja del conflicto, para situarnos sin perder de vista la interseccionalidad, en relación con las violencias hacia las mujeres. Esta primera excritura cuestionó el accionar individual al residir en la urbe y entre la clase baja y media, aparentemente lejos de los lugares narrados por las mujeres víctimas del conflicto. También se visibilizó la burbuja creada por los medios tradicionales de comunicación (televisión nacional, radio y prensa). La intersección de las categorías de género y clase más la temporalidad puso un énfasis en la década del 2000, en la que la mayoría de las integrantes del semillero vivieron sus infancias o adolescencias. De acuerdo con cifras presentadas por la Comisión de la Verdad, esta década fue una de las más violentas de la historia reciente en relación con la exacerbación de violencias sexuales contra las mujeres (Figura 1).

El proceso de creación excritural derivó en ejercicios en los que se aplicaron estrategias de reescritura, copia y sampleo[5] de textos. En ese sentido, aconteció la segunda excritura mediante la dinámica de arte-correo, liderada por las monitoras de investigación mediante el intercambio de esa primera narrativa para tocar el texto del otro mediante el escrito para reinterpretarlo y expandirlo. El resultado fue una instalación de textos, objetos, indicios, sonidos, videos, que dio la idea base de excribir, sensible y respetuosamente, sobre el volumen Mi cuerpo es la verdad.
Los laboratorios de creación contaron con el aporte de las monitoras quienes desarrollaron propuestas de investigación-creación que se profundizarán en el siguiente apartado. En esta fase se desarrollaron ejercicios de escritura automática y reciclaje textual a partir de la técnica cut up. Durante varias sesiones se seleccionaron testimonios de resistencia y amor de las víctimas para distribuir aleatoriamente entre las semilleristas y buscar todo tipo de reapropiaciones, desde el collage, la lectura corporeizada y la polifonía.[6]
Un tercer ejercicio de creación de esta fase de exploración consistió en la apropiación de narrativas testimoniales a partir del trabajo de la investigadora colombiana Jeritza Merchán (2018) y la puesta en práctica creativa en tres ejemplos: la investigación de Andrea Neira y su equipo en la serie web Masculinidades, relatos de excombatientes (2019), el trabajo de Svetlana Alexievich en La guerra no tiene rostro de mujer (2015), y la novela de Albalucía ÁngelEstaba la pájara pinta sentada en el verde limón (2015). En el caso del audiovisual de Neira, la narrativa testimonial es leída no por sus autores, sino por personas invitadas a este proyecto, generando un encuerpamiento del relato en la voz del otro, aspecto retomado en las polifonías; en el texto de Alexievich es destacable cómo la autora conecta fragmentos de múltiples narrativas de mujeres excombatientes del ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial en un texto polifónico, pero estructurado y contundente que revela el otro rostro de la guerra; la novela de Albalucía Ángel, reescribe y ficciona la memoria del periodo de la Violencia en Colombia, valiéndose de recursos narrativos experimentales, lenguaje coloquial, transcripción de emisiones radiales, etc., en un orden rizomático y libre como sucede con la manera en que se manifiesta la memoria.
Con esta influencia, se tomaron narrativas testimoniales presentes en el volumen de género para traducirlas a escritura expandida con las siguientes condiciones: abordar el relato desde la empatía, el respeto y la dignidad que merece; no alterarlo, ni ficcionarlo. El ejercicio desembocó en formas como collage visual, reescrituras y transcripciones manuscritas de testimonios o podcast y productos de audio reflexionando sobre las voces que narraron el conflicto.
Los procesos de creación fueron acompañados con talleres mediados por expertas invitadas: uno sobre libro vivo, escrituras anfibias y corpoescrituras, con la artista Carolina López y su proyecto de literatura transmedia Retratos vivos de Mamá, y otro sobre libro álbum y conflicto, con la investigadora Ángela Melo. La primera hizo un aporte a los procesos creativos desde las artes vivas y el levantamiento de archivos vivos: la experiencia con la artista involucró el cuerpo, la lectura performativa, el arte objetual y la memoria, generando indicios de creación escritural que se activaron más adelante en el archivo de creación. La segunda revisó -en la teoría y la práctica- cómo el libro álbum ha abordado temas de conflicto, violencia, desaparición y muerte. Luego, desde la creación, se abordaron estrategias del lenguaje visual para narrar una noticia relacionada con la violencia nacional con las mismas condiciones de las narrativas testimoniales: respeto, no revictimizar, no espectacularizar. Esto posibilitó el afinamiento reflexivo de los modos de resolver creativamente el abordaje de voces de mujeres víctimas, buscando la expresión de la sensibilidad de la lectura del informe con sentido crítico.
La fase finalizó con la activación e inventario del archivo creativo. Durante el primer semestre de 2024 los ejercicios creativos se fueron acumulando en un archivo que se desplegó, revisó y nutrió constantemente. Así, para esta parte de la ejecución del proyecto el archivo estaba compuesto por: (1) ejercicios excrituales, primera excritura, arte-correo y narrativa testimonial, línea de tiempo, creaciones de monitoras; (2) actas expandidas de proyecto (registros de cada sesión preparados por las monitoras a modo de acta, aplicando operaciones de escritura expandida); (3) remanentes de creación, fragmentos de textos no usados, recortes, sobrantes, etc.; (4) copias de textos teóricos, Mi cuerpo es la verdad, bitácoras, apuntes, etc.
Durante la sesión de cierre de 2024-I se hizo un inventario performativo del que emergió una sistematización en Excel que clasificó el archivo en varias características. La matriz aportó a la comprensión de operaciones excritutrales de investigación-creación como escritura automática, collage, reciclaje, apropiación, etc., en relación con conocimientos situados sobre cuerpo, género, infancia, memoria, narrativas testimoniales, continuum de violencias, etc., operaciones que hicieron parte de experiencias de socialización del proyecto, como la presentada en el XIV Congreso Latinoamericano de Investigación para la paz -CLAIP- celebrado en Bogotá entre el 1 y 4 de abril de 2025 como talleristas.
Más que un despliegue metodológico en sentido estricto, se presentan aquí las múltiples posibilidades de lectura, comprensión, interpretación y creación a partir de un material que antes que académico, es un trabajo de memoria alrededor de las verdades que cuentan los cuerpos de las mujeres en el marco del conflicto armado interno con sus dolores y resistencias. Pensar en términos de modos de hacer y no de metodologías como pasos inequívocos permitió aprendizajes sensibles sobre las violencias padecidas por las miles de víctimas, decantados en creaciones desde la escritura expandida y la puesta en marcha de operaciones de las escrituras conceptuales o no creativas (Dworkin y Goldsmith, 2011).
3. RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Este bloque se enfoca en la descripción y breve análisis interseccional de los ejercicios realizados por las monitoras de investigación, durante el semestre 2024-I: Ara Rincón Perea, Daniela Silva Arévalo, Carolina Mendoza Forero y Mónica Q. Farfán. Al ser esta una propuesta en la modalidad de formación en investigación es fundamental que las monitoras del proyecto cuenten con tiempo de preparación de sesiones del semillero y lectura de textos, y reuniones con el equipo investigador que conduzcan a procesos de investigación-creación que son socializados en el semillero para recibir retroalimentación de sus pares y en otros escenarios. De este modo, la investigación-creación de cada estudiante cruzó los ejercicios excriturales del semestre, las lecturas particulares que cada una realizó del tomo y textos teóricos complementarios, las conversaciones dadas dentro del semillero y con el equipo investigador, así como su propia experiencia como docentes en formación y mujeres situadas en un contexto particular. Cabe anotar la versatilidad de las estudiantes en cuanto a la puesta en práctica de la creación escritural, revelando lo que para Juanpere (2018) es la voluntad de expansión de la escritura y salirse hacia sus bordes.
Durante el IV Encuentro de Escrituras y Experiencias, evento organizado por el semillero como compromiso de apropiación social del conocimiento, las monitoras socializaron sus excrituras al público general con la poeta afrocaribe Luisa García/Luisa Villa para culminar parte de este proceso formativo en investigación-creación en relación con el volumen en una reflexión en clave interseccional cuyo resumen aparece al final de cada excritura.
a) Flore-Ser, serie fotográfica realizada por Daniela Silva Arévalo y Ara Rincón Perea.
La propuesta implicó pensar en la relación del lenguaje, la violencia sobre los cuerpos de las mujeres, la memoria del cuerpo y las voces de resiliencia. Luego de la sensibilización y reflexividad efecto de la lectura del Informe y de los ejercicios de creación excritural mencionados en la metodología, las autoras realizaron un proceso creativo sobre las afectaciones del lenguaje y la mirada patriarcal sobre los cuerpos de las mujeres que la Comisión escuchó en relación con la manera en que esta violencia está presente en sus propias vidas. Estas reflexiones y memorias afectivas y corporales se plasmaron en fotografía y escritura sobre el cuerpo, donde una retrataba a la otra en función de un grupo de palabras y expresiones inscritas en sus cuerpos: “muy ancha”, “espalda masculina”, “horrible”, “no hay sombrero de tu talla”, etc., expresiones que revelan la continuidad de la mirada masculina que controla los cuerpos de las mujeres, sin importar su clase, raza, sexo, etnia o edad, para moldearlos a su gusto y señalar, perseguir y eliminar todo aquello que se aleje de esa construcción. Mediante el lenguaje fotográfico, se presentó un conocimiento situado y sensible de la experiencia propia que revela una conciencia interseccional y polifónica de las afecciones de las estructuras patriarcales que gobiernan el país en el pensamiento guerrerista y la vida cotidiana, pero también las estrategias de resistencia y resiliencia que permite el acto creativo.
Una de las potencias del trabajo de Ara y Daniela consiste en ver la trazabilidad de la violencia patriarcal sobre los cuerpos de las mujeres y cómo incide en su autopercepción, asunto presente y constante en las narrativas de mujeres víctimas del conflicto y en la cotidianidad de las estudiantes. Tanto en los escenarios del conflicto como en la urbe, el lenguaje y la mirada masculina escriben sobre los cuerpos de las mujeres, afectando su autopercepción y normalizando la violencia. La práctica creativa y reflexiva de las monitoras reconoce estas heridas y, más que abrirlas o revictimizarlas, se enuncian para procurar su futura sanación mediante la juntanza. Las fotografías retoman ese lenguaje y con efectividad simbólica lo plasman sobre sus cuerpos, lo conjuran para sanar y crear estrategias de resistencia.
Algo a destacar en la construcción de conocimiento de estas creaciones es su configuración. Aunque en las primeras fotografías se hace presente la palabra violenta o su afección negativa, el lenguaje visual no replica la mirada masculina sexualizante; la confronta, revela la herida y su sanación, muestra la violencia y su resistencia. Las imágenes son una narrativa tras la enunciación y denuncia de la negatividad cargada sobre sus cuerpos, estos florecen, toman agenciamiento, se cargan de flores y curas que sanan las fisuras. Las miradas de las autoras regresan al espectador, sin naturalizar la violencia, sin la culpa que generan, para encontrar la fuerza que las carga de flores, color y vida (Figura 2).
Con esto, las autoras buscan “poder hablar abiertamente de nuestras afecciones, porque todas tenemos una verdad que contar”, cuestionar desde sus propios cuerpos la mirada que estereotipa un cuerpo digno de mostrarse y representarse, para darle vuelta al discurso normalizado. En su visualidad, las imágenes muestran esa verdad de los cuerpos, desprendida de los cánones, cuerpos que hablan desde su contexto y del efecto de los vectores de dominación. Mujeres diversas que rechazan la universalidad denunciada por Espinosa (2019) y abrazan sus co-construcciones, constelan variaciones y diferencias, localizaciones y contextos frente a una violencia común. El proceso de Flore -Ser permitió, desde la excritura, encontrarse y reconocerse con su variedad en la mirada de la otra, romper los patrones naturalizados de incorporar múltiples violencias sobre sus cuerpos, sanar desde la conciencia y construcción del amor propio sin recaer en las trampas contemporáneas light del afecto.

b) Oráculo de Re-existencia. Dispositivo detonante de memorias y escrituras alrededor del conflicto armado para exorcizar dolores y conjurar el mañana, baraja de cartas oraculares creada por Carolina Mendoza Forero.[7]
Consiste en una baraja de cartas con sus respectivas instrucciones de uso. Busca sensibilizar a su usuaria/o en conceptos, situaciones y particularidades de los testimonios de las mujeres víctimas, así como detonar procesos de escritura a partir de su lectura. La autora partió de la indagación, clasificación, definición y apropiación de conceptos derivados de la lectura del tomo de género, así como de las recomendaciones de este, para agrupar los arcanos en dos grupos: “La Luz”, compuesto por arquetipos relacionados con la fuerza, resistencia, resiliencia y demás cualidades humanas presentes en los relatos de mujeres víctimas, que son herramientas para resistir y retomar sus vidas: La Valentía, La Resistencia, La Restitución, El Perdón; “La Sombra” representa los modos en que se perpetúa la dominación y la violencia hacia las mujeres: La Hegemonía, La Cosificación, El Castigo, El Patriarcado, entre otros.
Como complemento a la baraja de cartas, la autora diseñó otro palo de arcanos denominado “La mística”, donde se representan principios universales propios de saberes ancestrales y conocimientos otros: las fuerzas de la naturaleza (o cuatro elementales: aire, agua, tierra y fuego), energías arquetípicas y planetas en clave astrológica (Venus como principio femenino de la afectividad, Saturno que demarca límites, Júpiter como benefactor, Marte como energía masculina, etc.) y numerología representada con runas célticas. Toda la baraja cuenta con un estudio profundo y detallado de sus significados desde lo más arquetípico para aterrizar a lo local y al diálogo con Mi cuerpo es la verdad. Cada carta asocia el concepto con una definición, un consejo y una imagen arquetípica en collage digital ideada por la autora. Para la construcción de estos, su artífice se basó en intersecciones e intertextos que posibilitaron la empatía con la imagen. Rescata de manera respetuosa y no exotizante la ancestralidad indígena con mitología celta y grecolatina, y revisa críticamente los principios masculinos y femeninos de los saberes esotéricos como tecnologías de subjetivación, de modo que no repliquen una universalidad sexo-genérica esencialista y binarista. Como sucede con las fotografías de Flore-ser, los cuerpos no se suscriben a la visión androcéntrica, al contrario, se ubican desde el otro lado de la representación: cuerpos racializados, en devenir animal, marcados por el tiempo, bajo la premisa de que lo espiritual también es político y atendiendo a esta premisa como una de las expresiones de resiliencia de muchas víctimas del conflicto en Colombia (Figura 3).
El dispositivo busca enfocarse en la resistencia y cruzar las narrativas, tanto del Informe como de quien consulte el oráculo para conocer lo que pasó y agenciarse. En las socializaciones de esta creación en eventos del proyecto y en la Casa Museo de la Independencia (Bogotá), se evidenció su poder de interpelación en mujeres de diversos contextos y situaciones, así como la concentración discursiva en narrativas de resistencia y resiliencia. El desafío de este oráculo es que sea lo suficientemente genérico como para que se comprenda en diversos contextos (sujetos al marco del conflicto armado colombiano o no), pero que en su práctica emerjan los conocimientos situados que logren la empatía y comprensión de la consultante sin importar su construcción sexo-genérica, edad, clase, raza, edad, etc. El oráculo invita a la/el consultante a escribir para situar su memoria en clave interseccional, frente a sus resistencias y agenciamientos, armonizado con las narrativas de resistencia de las mujeres del Informe (Figura 3).

c) Mango, una autoficción escrita por Mónica Quiroga Farfan.
Narra la experiencia del personaje homónimo, quien reflexiona sobre la herencia de violencias durante su existencia. Parte de la indagación genealógica del personaje femenino, la comprensión de microviolencias en su entorno y de la intertextualidad con la televisión y la música que revela el inconsciente patriarcal de la construcción del país, de su cultura, así como la creciente conciencia del personaje para movilizarse. El texto es una denuncia en medio de un frenesí verbal que transforma la ira en creación, texto, resistencia. Pese a la violencia implícita, el texto invita a pensar cómo el arte y la empatía son herramientas necesarias para comprender las violencias de género sucedidas en el conflicto armado y buscar formas de restauración a las mujeres afectadas.
El proceso de creación parte de herramientas como el tarot y mapas mentales que cruzan los testimonios de víctimas y la vida propia, junto con situaciones metatextuales como la lectura de Mi cuerpo es la verdad, reuniones del semillero Anamorfosis, la escritura del texto y memorias de infancia y adolescencia (Figura 4).
De la autoficción el texto salta a otras disciplinas, reconoce las intersecciones que constituyen tanto a la autora como a su avatar autoficcional, Mango. Se revela cómo, pese a la burbuja mediática mencionada previamente, la lectura de los testimonios de Mi cuerpo es la verdad genera resonancias que conectan ficción y narrativas testimoniales.
Mango está leyendo las voces escritas, las que pudieron rescatar, quién sabe qué habrá pasado con lo que no lograron escuchar o registrar.
Su abuela corrió del pueblo a la ciudad, […] su abuela pasó de la pobreza a la riqueza, pero aguantando otro tipo de cosas, como violencias de la puerta para adentro, en especial cuando el abuelo se embriagaba. Su mamá vivió desde pequeña en la ciudad, estudió en el liceo francés, tocaba el piano de adolescente y tomaba decisiones impulsivas. Mango reconoce, que, durante la vida de todas estas mujeres, ha existido el conflicto en la casa, desde la playa de arriba, hasta la selva de abajo, desde las costas de un lado y los llanos del otro y ellas, atoradas en el corazón de la cordillera. (Monica Quiroga Fafan, 2024, p. 1).
El volumen reconoce una complejidad de vectores de dominación que atraviesan la experiencia propia y de las mujeres víctimas, y posibilita un discurrir de la escritura: reconocer el pasado campesino, el linaje femenino de Mango, el lugar privilegiado de enunciación, como sucedió en las narrativas y ejercicios excriturales de varias integrantes del semillero, tensiona la burbuja en una suerte de ignorancia y conocimiento del conflicto: “como niña privilegiada no ha visto la sangre de cerca, ni de frente, pero ha escuchado los gritos, los bombazos, ha visto las conmemoraciones a deasparecidos” (2024, p.1). Al ver cómo la violencia ha atravesado su linaje femenino viajando del campo a la ciudad, a la cotidianidad de Mango se transversaliza en su infancia, la persigue como un fantasma hasta el presente.
Mango ha escuchado las noticias diarias de números de muertos creciendo, de desaparecidos y de líderes sociales asesinados. Además […] Mango bailó entre la lluvia cuando entró a la universidad pública, porque vivió el movimiento estudiantil y vio como el esmad (sic.) le cascaba y disparaba a sus compañeros, también le dispararon a ella balines, cuando le gustaba marchar en la parte frontal del rio de estudiantes que recortaban la ciudad como una gran vena humana abierta, exigiendo derechos básicos para estudiar (p.2).
La autoficción permite situar la experiencia junto a la de múltiples mujeres para no homogenizarla, sino para develar sus matices interseccionales mostrando que el conflicto armado en el país genera afectaciones independientemente del lugar geográfico, raza, clase, etnia, etc.:
Mango escuchó a una mujer afrodescendiente, explicando el manejo de su vereda, explicando que unas fuerzas patriarcales externas querían una cosa y otras partes de esas mismas fuerzas patriarcales querían otras, unos disparaban por atrás del pueblo y otros por adelante (p.2).
A diferencia de las otras excrituras revisadas, la narrativa de Mango enfatiza en las maneras en que se ha manifestado la violencia, con el fin de reconocer la dimensión afectiva en torno a la lectura y escritura de estos temas:
Mango sabe que su tierra tiene mujeres de carácter fuerte y que esto seguramente es una respuesta cultural inconsciente ante tanta opresión, Mango sueña con la ira, con que la ira se rebase desde el fondo de la tierra y a las mujeres se les sea repuesto lo que les arrebataron, más allá de volver a las mismas situaciones antes del dolor, Mango quisiera ver mujeres restauradas en sus presentes. Sobre todo, eso, ver procesos de restauración contundentes y profundos, aun cuando Mango es una hormiga.
[...] Mango entiende que las mujeres pueden articularse, juntarse y cuidarse, en especial porque en varios procesos escabrosos de violencia en Colombia, limitaban la conducta y la juntanza de mujeres en diversos territorios (p.4).
Esta dimensión afectiva es parte de lo que constituye la experiencia, pues Mango se narra como persona en tensión con el dominio patriarcal de las emociones: una mujer no debe sentir ira, a su vez, es un ser emocional que debe regular tal dimensión, en especial el enojo, para manifestar sumisión; Mango demuestra en el relato y la lectura de Mi cuerpo es la verdad que los hombres no deben demostrar su emocionalidad, aunque sí actúen en función de la ira para perpetuar la violencia. En su caso, la emoción co-construye al personaje y a la autora, se reconoce y se estudia, mira su potencialidad no para la propagación de la violencia, sino para su canalización creativa, incluso terapéutica.
La constante socialización de estas experiencias de escritura (dadas tanto al interior del semillero donde se retroalimentaba constantemente entre pares, como en el IV Encuentro de Escrituras y Experiencias, en el que se compartió con expertas invitadas) armonizó las tres propuestas de creación excritural en tanto las monitoras partieron de la afección de la violencia en sus propios cuerpos, no la misma violencia sufrida por las mujeres víctimas que escuchó la Comisión de la Verdad. Ellas presentan matices de vivencia del conflicto armado colombiano que no hubiera sido posible sin esa perspectiva interseccional, sin un anclaje de la lectura al cuerpo, pues como se evidencia en la autoficción Mango, es estructural y se desliza y perpetúa de múltiples maneras (Figura 5).
Los cuerpos narran la verdad sobre qué pasó y qué hicieron con lo que pasó, sus coordenadas de constitución de experiencia y los modos en que la violencia se manifiesta en ellos. La narración da un lugar de acción, de reconocimiento de la afección y la potencia de resistencia. Estas propuestas excriturales realizadas a partir de Mi cuerpo es la verdad proponen recorrer el camino del reconocimiento para romper la burbuja de la ignorancia o la indiferencia, centrar la experiencia en el cuerpo y tomar una posición crítica. Las excrituras realizadas en el marco del proyecto de investigación socializaron los contenidos del Informe desde operaciones creativas como la fotografía, la cartomancia o la autoficción, con el fin de seguir haciendo conciencia, armonizar, reparar simbólicamente y, especialmente, enseñar a ser empáticas con el relato en pro de la no repetición.

4. CONCLUSIONES
El abordaje pedagógico y artístico del volumen de género del Informe Final de la Comisión de la Verdad se presentó como un documento vivo que relata las verdades de miles de mujeres colombianas, con sus dolores, pérdidas, luchas y esperanzas; también como un documento académico que articula los testimonios con teorías de los estudios de género, feminismo, antropología y sociología, entre algunos campos disciplinares. Así, el acercamiento a Mi cuerpo es la verdad implicó la lectura sensible y respetuosa de los testimonios, al tiempo que una de corte analítico que permitió comprender las causas, efectos e impactos de las inscripciones perversas en los cuerpos de las mujeres por parte de actores armados y civiles, y la desprotección estatal sobre segmentos específicos de la población de mujeres.
El diálogo entre el volumen y otros textos académicos para amplificar conocimientos sobre el enfoque interseccional en tanto teoría y metodología, permitió la interlocución con Espinosa (2019), Segato (2016, 2019), Viveros (2016), e incluso Bell Hooks (2022), a quien no se nombra en este artículo, pero que aparece como uno de los faros pedagógicos y espirituales del quehacer investigativo del semillero Anamorfosis.
La lectura crítica de estas autoras devino en el conocimiento de la genealogía de la interseccionalidad como concepto desde los años 60 con los feminismos negros de Estados Unidos y sus re-actualizaciones a la luz de las experiencias, activismos y teorizaciones de los feminismos caribeños, indígenas, campesinos y populares de centro y sur América. A su vez, nos llevó a crear y teorizar desde el conocimiento situado como condición de la interseccionalidad en una suerte de reapropiación del concepto desplegado en creaciones escriturales, aquí llamadas excrituras, y estrategias pedagógicas.
El desarrollo del proyecto permitió también reconocimiento del valor de textos procedentes de la cultura visual y popular en la construcción intertextual en tanto marcadores de identidad de una nación atravesada por la violencia y la desigualdad. Los ecos del conflicto (nos) llegaron a través de noticieros, programas de opinión, telenovelas, series, publicidad y canciones. A su manera, contaban de la existencia de desplazados, poblaciones masacradas y reclutamientos forzosos, y en el ejercicio de memoria de traerlos al presente como mojones de quiénes eran las integrantes del semillero en las temporalidades en que el conflicto se recrudeció, se dio un reconocimiemto como niñas y adolescentes pertenecientes a una generación más que atestiguaba un ciclo de violencias.
En el recuento sobre la llegada a las excrituras resultantes durante el primer semestre de 2024 se vislumbran las sinergias con la investigación-creación como productora de conocimiento sensible, a partir del diseño e implementación de laboratorios de creación que vincularon el volumen con lecturas complementarias, experiencias de vida de las participantes y sus intereses artísticos y pedagógicos para generar procesos de largo aliento. Cada uno de los ejercicios fue una extensión del anterior, una adición tentacular para la conformación de un texto multimodal en el que convergieron voces, temporalidades y geografías.
La multiplicidad de estrategias escriturales y corporales puestas en práctica en las primeras dos fases del proyecto resonaron con otras acciones pedagógicas y de difusión en una escala más amplia, tal como la exposición Hay futuro si hay verdad. De la Colombia herida a la Colombia posible. En este mismo sentido, fue significativo el contacto con las invitadas expertas para el reconocimiento de otras posibilidades artísticas de narrar e investigar sobre el conflicto en clave de género e interseccional. Dialogando con ellas se ratificó el valor de la experiencia al interior de la academia.
Finalmente, se destaca el despliegue de la categoría analítica de interseccionalidad en los procesos creativos e investigativos de las monitoras. Flore-Ser, el oráculo y la autoficción, tres creaciones que partieron de la lectura de Mi cuerpo es la verdad y que recogieron diversa y ricamente entradas potentes para situar a las monitoras como investigadoras, docentes y artistas en formación que reescribieron las causas, consecuencias e impactos de las violencias hacia las mujeres en el marco del conflicto interno desde la fotografía, el collage y la autoficción como escrituras expandidas, que tradujeron no sólo la teoría, sino su mirada crítica, sensible y respetuosa frente a lo relatado por las mujeres, y su voluntad de contribuir a la construcción de paz como futuras educadoras a partir de la reparación simbólica.

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Notas
Notas de autor
Información adicional
Cómo citar / citation: Cano, V. y Romero, D. (2026). Excrituras de re-existencia. Interseccionalidad en clave de creación. Estudios de la Paz y el Conflicto, Revista Latinoamericana, Volumen 7, Número 14, 144-166. https://orcid.org/10.5377/rlpc.v7i14.22821
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redalyc-journal-id: 7621